El arte y la creación han sido un hilo conductor a lo largo de mi vida. Es donde me nutro, donde me relajo, reflexiono y me expreso. Los sentimientos son importantes, pero también complejos. Se manifiestan de diferentes maneras según la persona y la ocasión, y pueden parecer diferentes por fuera, pero por dentro pueden tener la misma magnitud.
En mi arte, exploro principalmente la pequeña y sutil expresión externa de un sentimiento más profundo en el interior; ese nervio que nos lleva al núcleo, donde reside la verdad. Luego está esa cuestión de lo que es bello o no... El mundo como tal, en su totalidad, es bello, pero su contenido a menudo puede parecer feo y miserable, y por lo tanto es fácil quedar atrapado en lo oscuro, porque es por nuestra forma de ser, los humanos, que nos centramos fácilmente en lo negativo. Por eso, en mi arte, me enfoco mucho en resaltar lo bello, incluso transformando algo que normalmente es feo en algo bello, porque creo que inspira esperanza y fe, y fomenta la comprensión, tanto para los demás como para nosotros mismos. Que lo triste, lo retorcido, lo afectado, lo desesperanzado y lo roto puede ser bello y valioso, porque contiene muchísimo y nos brinda información y conocimiento valiosos para desarrollar. Y a veces también se necesita un poco de humor. Para reírse en medio de todo. Puede ser sanador y liberador. No de la forma en que nos reímos histéricamente y luego nos ahogamos de risa porque no nos atrevemos a llorar. No, se trata más bien de ese brillo en los ojos con la comisura de la boca torcida: ese pequeño detalle necesario para no perder nunca la esperanza. — Mimmi Kandler